el túnel
Mil veces, incontables.
Y solo quiero llorar, porque sé que pude haberlo evitado, pero no lo hice, yo seguía, sabiendo que estaba mal. Aveces nos damos cuenta cuando ya es demasiado tarde, felizmente, para mí aún no lo era.
Siempre hay una luz al final del túnel, ese horrible túnel donde caminamos, por horas, días, meses, aveces años, se vuelve una caminata mortal. ¿De qué serviría caminar en la oscuridad tanto tiempo? en algún momento debemos salir.
Pasas tanto tiempo siendo la luz de otras personas, hasta que te gastas, te quedas sin luz, te quedas vacía.Y tú solo intentas, reconstruir todo lo que dentro de ti se cayo, recoges la piezas de ti misma como si se se tratara de un niño desesperado por recuperar todos sus juguetes favoritos, mientras un río se los lleva.
Cuando finalmente acoges todos tus pedazos rotos, los abrazas, los amas, y decides reconstruirte, llega alguien, oscuro, desesperado, y tu sientes que debes darle una parte de ti. No te lo han pedido, tu simplemente sientes la obligación de iluminar esa persona, una persona que ha sufrida tanto, y no lo merece, no merece ser así, merece ser feliz, y tu no puedes cambiarlo, pero en ese momento no sientes que sea así, tu solo quieres verlo bien. Y pasa el tiempo, ya no tienes luz, ya se la diste toda, entonces comienzas a darle pedazos de ti, pedazos únicamente tuyos.
Comienzas a prostituir tus sentimientos, prostituyes tu corazón, y no por beneficio a ti misma, si no por el beneficio de esa persona, porque nada en este maldito mundo de mierda vale más que unos segundos de su hermosa y sincera sonrisa.
Y tu piensas que esta bien, que haz llegado a este mundo solo para complacer al resto, que esta bien sacrificar tu alegría, tu felicidad, por ver feliz a esa persona que tanto te importa.
Es una lenta destrucción.
Dolorosa.
De esas heridas que la principio no duelen, no las sientes, pero en un momento, cuando las luces se apagan, y estas tú sola, envuelta en tus sábanas, ahí empiezan a doler, ahí queman, ahí se hacen presentes todas las heridas que tu misma te causaste.
Estás nadando en un propio mar de lágrimas que tu misma formaste, pero tus brazos y piernas no te obedecen, no puedes mantener tu cabeza fuera del agua, te estas ahogando, tus penas, los peores momentos de tu vida, es lo único en lo que puedes pensar ahora. Cierras lo ojos, y sientes como tu cuerpo se hunde, te dejas caer, dejas que siga así, no haces nada para volver a respirar.
Y de repente una mano te impulsa a la superficie, lentamente, y tu te dejas llevar, con ese pequeño toque.
Sientes luz, ¿luz?, ¿quien te esta dando su luz?, es imposible que alguien se preocupe por mi, ¿quien lo haría?
Ves luz, de nuevo, una luz cegadora, y una sonrisa que solo tú conoces, esa sonrisa la conoces desde que naciste, esos ojos, felices.
Eres tu misma, es tu propia luz, la que creías se había agotado, esta ahí, inerte, mirándote, sonriendo.
Es como si esa parte de ti, hubiera estado esperando ese momento, tanto tiempo permaneció escondida, esperando el momento adecuado para recordarte que hay una luz.
La única manera de salir del túnel, es con tu propia luz.
Comentarios
Publicar un comentario